Juez Sólo Valora a “El Capea”.

Por Luis HERNANDEZ

La nula valoración del juez Eduardo Delgado dio al traste con lo que hubiera resultado un éxito artístico, vigoroso y triunfal, la decimoquinta corrida de Temporada Grande, al otorgar únicamente oreja al español Pedro Gutiérrez “El Capea”.

De qué sirve enfrentar un encierro serio, cuajado y con leña, si lo que se le hace, tan sólo con pararse enfrente, trasmite a los verdaderos aficionados y no llega a las alturas, donde se ubica el palco de la autoridad, asesorada por un retirado torero como Gilberto Ruíz.

El peligro latente fue borrado de tajo. Así lo hecho por José María Luevano y Juan Chávez ha quedado sin la trascendencia de la premiación.

La Punta, de Vaca hermanos, ha enviado trapío en cinco ejemplares, salvo el corrido en segundo lugar, guardando comparaciones.
El primero. Alto, mirón, peligroso, bien puesto; serio en toda la extensión, puso en aprietos a la gente que se encontraba en el callejón al saltar la barrera. Y si ha eso le aunamos el fuerte viento, encontraremos la razón por la que Luévano quedó prendido de la taleguilla en un derrote seco.

Pese a ello le paró para sacar tandas de muletazos por el lado derecho, de esos que se admiran y emocionan por la catadura del burel. Todavía tuvo que soportar otro arreón en el brazo al dejar un entera, valedera para la oreja.

Pero oh sorpresa, el juez hizo caso omiso de la petición, quedando el gusto para el torero de dar la vuelta al ruedo.

Su segundo, aplaudido de salida por la estampa, tuvo recorrido. Le toreó por ambos lados en largos muletazos y cuando se mascabael triunfo apareció el pinchazo congelador, dividiendo opiniones.

El Capea tuvo el toro noble y claro, además de agradable a diferencia de las cornamentas del resto. Y como le instrumentó series por derechas, aunque a veces se atascaba de toro por meterse en el viaje, pues valieron la Dosantina y la entera en buen sitio para cobrar la oreja.

Cerró ante la seriedad de un toro que se fue parando paulatinamente, al que le alcanzó seis derechazos de uno en uno, para abreviar de entera saliéndose del embroque. Palmitas.

Y Juan Chavez, después de dos Parones y bregar tuvo la serenidad para trazar la faena en rítmicas tandas por el lado derecho, culminadas de un fulminante espadazo que al juez le cayó de oscuridad, ante la nutrida petición, silbatina y recordatorios por sus decisiones; Ovación.

Y el soso, andarín y descastado le toco a Juan, luciendo en Lances hacia los adentros, pues con la muleta, por más esfuerzos, no hubo respuesta. Además una estocada atravezada acabó en desencanto.

Si, ese mismo que planteó el juez desde el primer toro de salida. Y lo que hubiera sido un festejo triunfal por partida triple en el primer capítulo de la corrida, pasó al comentario permanente de unos dos mil espectadores, de esos que lo que se hace con la seriedad del toro, queda, aún sin premiación.

~ por ciudadtaurina en febrero 7, 2010.

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