No reventó el Mano a Mano en La Plaza México

Por Luis HERNANDEZ

El esperado mano a mano de Rafael Ortega y el francés Sebastián Castella no pudo reventar acorde con una fecha del aniversario de la plaza México, llevándose a cabo entre el descontento de unos 15 mil aficionados.

Castella estuvo más cerca del triunfo, pero al fallar con la espada se guardaron los pañuelos y el tlaxcalteca, fue obligado a darse el arrimón, llevándose consigo una cornada cerrada en el muslo derecho.

Desfilaron nueve toros (ocho de Los Encinos y uno de Los Ebanos), devueltos tres de ellos. Dos por justa presencia y uno más al lastimarse una pata. Esa desigualdad caló hondo entre el público, arrojando cojines al ruedo.

Ortega pechó con ejemplares sosos, logrando chizpazos aislados. Cerró frente a un bravo, al que le instrumentó un quite por Chicuelinas Antiguas muy rítmicas. Y gracias a un cuarto par de banderillas, al Violín, logró regular la atención del respetable cuando ya le estaban cayendo encima.

Sólamente por derecha logró engarzar muletazos y de nueva cuenta la fena se vino a menos. Obligado a ajustarse vino un arreón resultando campaneado entre la seria cornamenta de “Ximeno”; ahí vino la cornada.

Se escapó de la enfermería, alentándose el diestro entre gritos de “torero-torero”, sin embargo se echó la espada al pecho, y como por encanto desapareció el estímulo. Logró un espadazo en buen sitio, característico en sus tres toros, pero no fue suficiente para quitarse la división de opiniones.

Abrió Castella metido entre los pitones para encelar a su primer soso. Así se hizo del toro en un estaturaio quite por Tafayeras. Se intensificó con muletazos Cambiados y Dosantinas lentas, sin embargo el pinchazo apagó el fuego retirándos en silencio.

Apuntó en grande nuevamente con el segundo, después de el primer devuelto, sin faltar sus muletazos base. Por ahí trazó un par de tandas por Naturales despaciosos. Y cuando el escenario estaba puesto para el triunfo vino un horrendo bajonazo que heló el ánimo, del que salió el unánime abucheo.

Su tercero desató la bronca al lastimarse una pata. Salió el de Los Ebanos y aunque ya lo habían picado, fue devuelto al desatarse el descontento por su justa presencia.

Cerró con un extraordinario toro, noble y claro, al que le cuajó todo su repertorio, sobre todo sus Cambios de mano por la espalda y los de El Desdén; una faena que apuntaba a darle brillo al aniversario 64 de la plaza, pero la espada, otra vez en fallas, acabó con el cuadro y las ovaciones se las llevaron los toros.

~ por ciudadtaurina en febrero 5, 2010.

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